Contra el “Homo resignatus”. Diálogo con el pensamiento crítico de Lucas Rubinich
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Por Lucila Pagliai Buenos Aires, mayo de 2023 . 1. Breve reseña comentada Lucas Rubinich, sociólogo, titular de la cátedra de Sociología General en la Universidad de Buenos Aires e investigador con su equipo de Ciencias Sociales en el Instituto Gino Germani; director y animador, con alumnos y colegas, de varias revistas académicas que entrelazan […]
Por Lucila Pagliai
Buenos Aires, mayo de 2023
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1. Breve reseña comentada
Lucas Rubinich, sociólogo, titular de la cátedra de Sociología General en la Universidad de Buenos Aires e investigador con su equipo de Ciencias Sociales en el Instituto Gino Germani; director y animador, con alumnos y colegas, de varias revistas académicas que entrelazan indagaciones de cultura, política y teoría social; bloggero activo, cofundador y miembro del consejo editorial de nuestra revista digital Grandes alamedas, publicó en 2022 su libro Contra el “Homo resignatus”. Siete ensayos para reinventar la rebeldía política en un mundo invadido por el desencanto (Buenos Aires, Siglo XXI Editores).
El sentido de mencionar estos aspectos de la trayectoria de Lucas Rubinich se desgaja de la lectura de la Introducción. Entremezclados con postulaciones y adelantos de lo que serán sus argumentaciones, aparecen allí como una suerte de incentivo declarado de la pulsión escrituraria que lo llevó a conformar estas reflexiones guiado por una preocupación central: “decir algo sobre las profundas transformaciones regresivas que produjo y continúa produciendo la predominante cultura del capital financiero, y especialmente sobre el deterioro de la noción de bien común que implica distintas maneras de agujereamiento de lo público.” (p 11).
Como indica Rubinich en las páginas iniciales, la matriz de este texto es ensayística. Cabe recordar que el ensayo, “forma sin forma” a mitad camino entre la literatura y la filosofía, es la “forma crítica por excelencia” (son palabras de Adorno) que rompe con “la ilusión de que el pensamiento sea capaz de escabullirse de aquello que es thesei, cultura, para ir a la physei, a aquello que es de la Naturaleza.”(1) Integrado en esa forma de pensar la realidad y organizar el discurso, Contra el “Homo resignatus” será por lo tanto, un libro fragmentario, arbitrario en la selección de los contenidos, misceláneo, zigzagueante y con una construcción retórica que -apoyada en rigurosas leyes de coherencia interna como postula el ensayo- buscará convencer a sus lectores con argumentos verosímiles.
La cuestión de los paratextos e intertextos no es aquí un dato menor. Desde el título (hallazgo editorial sin duda convocante), la incorporación del sintagma “homo resignatus” –una forma latina que Rubinich toma del filósofo francés Daniel Bensaïd- (2) tiene varias vueltas: el latín produce distancia, sitúa al libro y a su autor en una “zona culta” y es también un guiño irónico que aliviana la solemnidad.
El largo subtítulo explicativo y ampliatorio de lo que se encontrará en el interior del texto es una apelación clara a un linaje ideológico y geográfico que incluye obvias resonancias de homenaje a los 7 ensayos… de Mariátegui. Como también se lee en la Introducción, esta cifra devenida en orden canónico, natural, en la literatura política latinoamericana aparece ya en proyectos editoriales anteriores cofundados por Rubinich.
El epígrafe “Quid rides? Mutatio nomine, de te fabula narratur”, elegido para encabezar la publicación es una conocida y desafiante cita de las Sátiras de Horacio (I, 69) en la que el poeta –y Rubinich a su través- apelan y comprometen a su lector / interlocutor; una cita que como se verá en las páginas interiores, remite a un bagaje de lecturas que enriquecen las indagaciones centrales con irradiaciones en el campo simbólico de la cultura occidental.
Desde la Introducción hasta el Posfacio, además de recorrer la parábola de los grandes teóricos sociales se encontrarán las voces de Kafka, Borges, Melville, Hawthorne, Lugones o Mansilla junto a otras referencias de diversas escrituras mayormente literarias; una ventana desde donde también mirar estos ensayos, que por mi formación de base (soy egresada de Letras de la UBA) me interpela especialmente.
Siguiendo con esa mirada, en la Introducción hay dos referencias literarias destacables por su direccionamiento oblicuo hacia las formas actuales de dominación y conformismo que a Rubinich le interesa analizar (y combatir): el personaje del tutor Pangloss en Cándido o el optimismo de Voltaire y la “Carta 71” de Séneca en Las Epístolas morales a Lucilio.
Como una marca de prosapia del “homo resignatus” en la cultura occidental, Rubinich trae al discurso argumentativo el sintagma “optimismo panglosiano” para caracterizar la “naturalización social del nuevo orden” que viene imponiendo actualmente el capitalismo financiero. Como se sabe, en Cándido además de la crítica central a los poderes políticos, religiosos y fácticos de la época (las injusticias son flagrantes, no hay razones para el optimismo), hay un tiro por elevación a la filosofía de Leibniz. A través de la aceptación feliz –y justificación serial- de Pangloss a todas las desgracias que atraviesa con su joven discípulo, Voltaire satiriza las postulaciones “sobre la bondad de dios, la libertad del hombre y el origen del mal” que Leibniz despliega en los ensayos de la Teodicea. (3)
La cita de la “Carta 71” de Séneca en Las Epístolas. morales a Lucilio (“al que ignora el puerto al que encaminarse, ningún viento le es propicio”) es también una referencia potente de la literatura de ideas para estos tiempos aciagos sin puertos de llegada seguros ni a la vista. Lejos de la desorientación posibilista de muchos intelectuales situados en el campo progresista, Rubinich se apoya en esta cita de Séneca para invertir sus términos y proponer la recuperación (“reinvención”) de las mejores “tradiciones rebeldes”: el no contar con “sueños utópicos encarnados socialmente” -dice- no deberá impedir “construir modestos objetos de conocimiento”. Y enseguida agrega: “Se dirá con justeza que esa voluntad no es un puerto material de llegada. Pero al ser una voluntad desobediente del orden inhumano imperante que se impuso con fuerza naturalizadora, es una mínima apuesta por la construcción de nuevos horizontes […].” (p 15)
Si bien, como ya adelanté, en todos los ensayos de este libro las referencias literarias son numerosas y diversas, Rubinich dedica el Posfacio a nutrir sus reflexiones sobre “La incomodidad con un orden y la acción política” (tal el título de este último apartado) con ejemplos de la literatura argentina de resonancias populares: desde el Martín Fierro y Juan Moreira hacia fines del siglo XIX hasta la “Milonga del peón de campo” de 1953, firmada por Héctor Roberto Chavero (Atahualpa Yupanqui) y José Razzano (coautor y cantor junto a Carlos Gardel). Pero las apelaciones a la literatura no acaban allí: partiendo de la cita de Max Weber “¿Cuándo y cómo obedecen los seres humanos? ¿En qué justificaciones y en qué medios externos se basa esta dominación?” (más adelante, ya sobre el final del texto, se referirá a las “estructuras del sentir” de Raymond Wiliams), Rubinich vuelve a las fuentes de la cultura occidental: recuerda la figura grotesca y deforme de Tersites -el soldado griego de La Ilíada (Canto II) que se somete voluntariamente al escarnio de sus jefes y sus pares- para formular la gran pregunta final, inquietante y sintetizadora de las discusiones que propone en Contra el “Homo resignatus”: “¿por qué se vota al opresor?”
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2. Dialogando con Lucas Rubinch
Hasta aquí mi breve comentario sobre algunas cuestiones que aborda Rubinich, abriendo puertas para seguir pensando en las circunstancias del homo et alii resignati en el contexto actual, y en las posibilidades de superación de esta suerte de “pax silentii” que parecería atravesarnos sin horizontes propicios a la vista.
Difícil no acordar con el abanico de preocupaciones y consideraciones críticas que el autor presenta, argumenta, discute, rebate y defiende a lo largo de sus siete ensayos para describir la situación, que hasta los medios hegemónicos y los poderes fácticos más concentrados del planeta ya describen como un fin de era.
En este clima general atribulado (al que yo le agregaría un rasgo que creo distintivo: es como si se hubiera borrado el siglo XX), para algunos lectores -entre los que me cuento- tal vez resulte más difícil adherir a la confianza de Rubinich en la perduración latente de “tradiciones rebeldes” que como la Revolución Francesa o “el fantasma que atravesó Europa” contribuyeron a producir cambios radicales a lo largo de la historia.
En esa línea “desconfiada”, quizás porque creo que la memoria del (corto y heroico) siglo XX es una construcción colectiva válida para las generaciones mayores, las reflexiones sobre la incidencia actual del “homo resignatus” en el repliegue de la grandes luchas colectivas me parece que se anclan en una mirada desde allí. Aunque comparto la preocupación alerta que Lucas Rubinich expone en sus ensayos, en mí visión sobre “esto que nos pasa” predomina la perplejidad, pero también la confianza en que las jóvenes generaciones de un futuro aún incierto, abrirán / encontrarán nuevos caminos rebeldes sin duda diferentes a los transitados hasta aquí.
Salta a la vista que ya en estas primeras décadas del siglo XXI, las inquietudes y desiderata de los jóvenes son otras: a grandes rasgos, marcan un pasaje desde la conquista y defensa de derechos sociales, la ilusión de un progreso imparable y la militancia en organizaciones jerarquizadas, a las luchas actuales por derechos identitarios en colectivos abiertos de mujeres, diversidades, pueblos originarios, ambientalistas (o padres de escolares durante la pandemia); y sobre todo, marcan la transición desde el inicio de un cambio tecnológico revolucionario de alcance social necesariamente acotado, a dos generaciones enteras de nativos digitales, actuantes individuales en las redes sociales en paridad horizontal, que modelan la cultura a través de “opinión y sentimientos” personales.
Los milenials y cetennials no son “homo nec femina nec alii resignati”, no conocen los parámetros a los que habrían tenido que renunciar para ganarse ese adjetivo; no es que a la gran mayoría no le interesa la política: les interesa de otro modo, al margen de los aparatos ideológicos y los discursos dominantes en las tradiciones del siglo XX.
Así como al “homo resignatus” del que habla Rubinich en este libro, lo veo como un signo del agotamiento de esas tradiciones, la figura del /la “influencer” con su poder de instalar agenda en las redes a través de sus seguidores me parece la cifra del acontecimiento en la fluida realidad actual (están atentos, los miran y registran las usinas partidarias, los medios hegemónicos, las agencias de marketing).
Entre un mundo que muere y otro desconocido que está naciendo, la anomia es la norma. Basta recorrer la “historia magistra” en siglos de transición entre sistemas para ver los ganadores y perdedores de cada nuevo tiempo (además de una mayoría popular invisibilizada de pobladores “resignados” que muchas historias no registran).
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3. Síntesis (provisoria)
Como señala Rubinich, el capitalismo financiero con sus crisis permanentes (y también en permanente recomposición) sigue avanzando sobre la cultura sin resistencias efectivas, fogoneando el desprecio por el “bien común” y el “agujeramiento” del compromiso con lo público. Y es en esa cultura capturada donde entra a jugar el homo resignatus con su impotencia, conformismo o desinterés, en tanto signo de entrega y posibilismo teñido por un desaliento evidente o subterráneo.
En este momento en que los “sís” abundan, creo que -con los matices que aportan los ensayos- las “tradiciones rebeldes”, en cuya perduración como salida superadora confía Rubinich es un significante en busca de nuevos significados que, como en todo cambio radical que augura una nueva era, se podrán definir y organizar en categorías coherentes sólo a posteriori.
Si las crisis actuales siguen profundizándose, si la naturaleza y el ambiente en que vivimos logran sobrevivir al animal superior depredador, en un tiempo cercano o diferido aún incalculable, la/s rebeldía/s seguramente se llenarán con nuevos contenidos para dar cuenta de otras formas y protagonistas: un nuevo sistema-mundo con nuevas reglas y nuevos contratos (¿sociales?) que la duración del proceso de transición definirá quiénes lo podrán ver.
Solamente de pasada mencionaré dos hechos entrelazados imposibles de abordar aquí por su relevancia en todos los campos: por una parte, las consecuencias del fracaso del socialismo real y la caída de la Unión Soviética sobre la clausura de un imaginario de salida superadora; por la otra, el enraizamiento del capitalismo en la cultura en tanto ideología del lucro que resuena con las apetencias individuales de gran parte de la humanidad.
Por último, sin dejar de agradecer como lectora las incitaciones a la crítica que promueve Lucas Rubinich con este libro, cerraré estos comentarios con un fragmento de una breve conversación entre Franz Kafka y su amigo Max Brod de febrero de 1920, a dos años del final de la Gran Guerra del 14. Aunque sin mencionarla, es un diálogo habitado por la crisis, que también ilumina aspectos de la realidad actual.
(Brod a Kafka): “¿Existe entonces esperanza fuera de esta manifestación del mundo que conocemos? Él (Kafka) sonrió: Oh, bastante esperanza, infinita esperanza, sólo que no para nosotros”. (4)
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NOTAS
(1) Theodor W. Adorno, “El ensayo como forma” (1958-59), en Notas de literatura, Barcelona, 1962.
(2) “Ese crecimiento [de los elementos pragmáticos] que es persistente, y el consecuente sentimiento de inevitabilidad que despierta son los que configuran un peligroso tipo ideal para el pensamiento, como el que Daniel Bensaid, quien fue un viejo luchador tras haber sido un joven del 68, nombraba con ironía como el “homo resignatus.”(Rubinich, Contra el “Homo resignatus”, p.133).
(3) Amsterdam, 1710. https://www.philosophia.cl/biblioteca/leibniz/Teodicea.pdf
(4) Max Brod, Franz Kafka, a biography. New York, Schocken Books, 1960, p 75 (1a. ed. en alemán, 1937). https://archive.org/details/franzkafkabiogra00brod/mode/2up
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