Relecturas. Fuentes del pensamiento y el accionar político de Perón
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Por Lucila Pagliai Este número de Grandes Alamedas propone un acercamiento a las fuentes del pensamiento y el accionar político de Juan Domingo Perón a través de un abanico de textos de diverso tipo y alcance producidos entre 1945 y 1973: el Discurso fundacional del 17 de Octubre de 1945 en la Plaza […]
Por Lucila Pagliai
Este número de Grandes Alamedas propone un acercamiento a las fuentes del pensamiento y el accionar político de Juan Domingo Perón a través de un abanico de textos de diverso tipo y alcance producidos entre 1945 y 1973:
- el Discurso fundacional del 17 de Octubre de 1945 en la Plaza de Mayo;
- el texto doctrinario “Las Veinte verdades peronistas” enunciadas por Perón, también un 17 de Octubre cinco años después;
- el “Acta de Compromiso Nacional” de mayo de 1973 que sella el pacto social entre el Estado (encabezado entonces por Héctor J. Cámpora), el secretario general de la CGT (José Ignacio Rucci), y el presidente de la Confederación General Económica (Julio Broner);
- el escrito “Programa de Reconstrucción y Liberación Nacional” inserto en el “Mensaje del Ministro de Finanzas José Ber Gelbard a los Gobernadores”, enunciado también en el marco del gobierno peronista de 1973, ya en plena transición hacia la fórmula “Perón-Perón” triunfante en setiembre de ese año.
Son textos que conviene contextualizar aunque sea brevemente.
En junio de 1943 se había producido un golpe militar que derrocó un gobierno constitucional desprestigiado y tambaleante, emergente final de la “Década infame”, iniciada con el golpe militar de 1930 contra el Presidente Yrigoyen.
En 1939 el entonces Teniente coronel Perón había sido destinado a la Escuela Militar de Montaña del Ejército de Italia para especialización y entrenamiento operativo en la zona de Aosta. Durante su estadía en Europa, conoció la política de Mussolini en acción, visitó además Alemania, Francia, España y Portugal, y asistió al inicio de la Segunda Guerra Mundial. De regreso a la Argentina, el coronel Perón había integrado el grupo de militares nacionalistas que encabezaron el golpe de 1943, llegando a ocupar espacios crecientes de poder en la maquinaria del Estado: fundó y presidió la Secretaría de Trabajo y Previsión, fue Ministro de Guerra y Vicepresidente de la Nación. En 1945, desavenencias internas en la cúpula militar, sumado al peligro que veían en el poder que estaban adquiriendo los trabajadores organizados, Perón fue obligado a renunciar y enviado a la Isla Martín García. Desde allí, el 14 de octubre de 1945 le escribe una carta a Eva Duarte con comentarios que no hacían prever la rebelión popular que tres días después producirá un parteaguas en la historia argentina, con una Plaza de Mayo desbordada, inédita e inaugural:
“[…] Escribí hoy a Farrell [el presidente], pidiéndole acelerara mi excedencia y, tan pronto salga de aquí, nos casaremos y nos iremos a vivir en paz a cualquier sitio… Desde casa me trajeron aquí, a Martín García, y no sé por qué estoy aquí ni me dicen nada. ¿Qué te parecen Farrell y Ávalos? ¡Qué par de bastardos, hacer esto con su amigo! Así es la vida. Lo primero que hice al llegar fue escribirte. No pierdas los nervios ni descuides tu salud en mi ausencia hasta que vuelva. Estaría más tranquilo si supiera que no corres peligro y estás bien. Dile, por favor a Mercante que hable con Farrell para saber si autorizan que nos vayamos a Chubut. Creo también, que [para el casamiento] tendrías que poner en marcha algún tipo de papeleo legal…” (https://www.educ.ar/sitios/educar/seccion/?ir=archivo_historico)
El resto de la historia es conocida, y de ella da cuenta el Discurso de Perón del 17 de Octubre de 1945 que se incluye aquí. Un subtexto relevante en este discurso es la profunda vocación militar de Perón –que nunca abandonará-, especialmente evidenciada en su férrea conducción a distancia de la Resistencia peronista en los largos años de su exilo.
El texto doctrinario de 1950 “Las Veinte Verdades Peronistas” –cuyos entramados ideológicos desplegó, sesgó y amplificó entre 1951 y 1955 la revista Mundo peronista– debe leerse en el contexto de la segunda posguerra mundial. Es el momento del surgimiento de una nueva hegemonía litigante entre la Unión Soviética y los Estados Unidos, dos potencias ex aliadas en el conflicto, que en el pensamiento de Perón se constituyen en emblemas del Comunismo y el Capitalismo, para dar paso a su teoría superadora de la “tercera posición”. Es también en este texto donde se enuncia una Verdad canónica que a través de los años sigue definiendo al Peronismo: la lucha por lograr “una Argentina socialmente justa, económicamente libre y políticamente soberana”.
Por último, los dos textos de la Tercera Presidencia Peronista que se incluyen aquí, corresponden al primer semestre de 1973. Se trata, en primer lugar, del acuerdo social con el sindicalismo y el empresariado (firmado en mayo), en tanto poderes fácticos de la mayor relevancia, con cuyo apoyo el peronismo se proponía bajar la conflictividad de gobernar; y, en segundo lugar, de la introducción al “Programa de Reconstrucción y Liberación Nacional” producido en julio por el Ministro de confianza de Perón en el manejo de la economía, José Ber Gelbard, ligado a la llamada “burguesía nacional”.
Con la asunción de Cámpora a la Presidencia acompañada por el regreso de Perón a la Argentina, parecería haberse cumplido el vaticinio de la Juventud Peronista “Cámpora al gobierno, Perón al poder”, diseminado con eficacia durante la campaña que había proscripto al general. Pero no alcanzó: Cámpora renunció dando paso al gobierno definitivo de Perón que lo ejerció hasta su muerte, siendo sucedido en el cargo por su vicepresidente María Estela Martínez de Perón.
Discurso de Juan Domingo Perón desde el balcón de la Casa de Gobierno en Plaza de Mayo el 17 de octubre de 1945 (*)
Trabajadores:
Hace casi dos años, desde estos mismos balcones, dije que tenía tres honras en mi vida: la de ser soldado, la de ser un patriota y la de ser el primer trabajador argentino. Hoy a la tarde, el Poder Ejecutivo ha firmado mi solicitud de retiro del servicio activo del ejército. Con ello, he renunciado voluntariamente al más insigne honor a que puede aspirar un soldado: llevar las palmas y laureles de general de la Nación. Lo he hecho porque quiero seguir siendo el coronel Perón, y ponerme con este nombre al servicio integral del auténtico pueblo argentino. Dejo, pues, el sagrado y honroso uniforme que me entregó la patria para vestir la casaca del civil y mezclarme con esa masa sufriente y sudorosa que elabora el trabajo y la grandeza del país.
Con esto doy mi abrazo final a esa institución, que es el puntal de la patria: el ejército. Y doy también el primer abrazo a esta masa inmensa, que representa la síntesis de un sentimiento que había muerto en la República: la verdadera civilidad del pueblo argentino. Esto es pueblo. Esto es el pueblo sufriente que representa el dolor de la tierra madre, al que hemos de reivindicar. Es el pueblo de la patria, el mismo pueblo que en esta histórica plaza, pidió frente al Cabildo que se respetara su voluntad y su derecho. Es el mismo pueblo que ha de ser inmortal, porque no habrá perfidia ni maldad humana que pueda someter a esta masa grandiosa en sentimiento y en número. Esta es la verdadera fiesta de la democracia,
representada por un pueblo que marcha a pie durante horas para llegar a pedir a sus funcionarios que cumplan con el deber de respetar sus auténticos derechos.
(“¿Dónde estuvo? ¿Dónde estuvo?”)
Muchas veces he asistido a reuniones de trabajadores. Siempre he sentido una enorme satisfacción: pero desde hoy, sentiré un verdadero orgullo de argentino, porque interpreto este movimiento colectivo como el renacimiento de una conciencia de los trabajadores, que es lo único que puede hacer grande e inmortal a la Nación. Hace dos años pedí confianza.
Muchas veces me dijeron que ese pueblo por el que yo sacrificaba mis horas de día y de noche, habría de traicionarme. Que sepan hoy los indignos farsantes que este pueblo no engaña a quien no lo traiciona. Por eso, señores, quiero en esta oportunidad, como simple ciudadano, mezclarme en esta masa sudorosa, estrecharla profundamente a todos contra mi corazón, como lo podría hacer con mi madre.
Desde esta hora, que será histórica para la República, que sea el coronel Perón el vínculo de unión que haga indestructible la hermandad entre el pueblo, el ejército y la policía. Que sea esta unión eterna e infinita, para que este pueblo crezca en esa unidad espiritual de las verdaderas y auténticas fuerzas de la nacionalidad y del orden, que esa unidad se indestructible e infinita para que nuestro pueblo no solamente posea la felicidad, sino
también para defenderla dignamente. Esa unidad la sentimos los verdaderos patriotas, porque amar a la patria no es amar sus campos y sus casas, sino amar a nuestros hermanos. Esa unidad, base de toda felicidad futura, ha de fundarse en un estrato formidable de este pueblo, que al mostrarse hoy en esta Plaza, en número que pasa del medio millón, está
indicando al mundo su grandeza espiritual y material.
(“¿Dónde estuvo? ¿Dónde estuvo?”)
¿Preguntan ustedes dónde estuve? Estuve realizando un sacrificio que lo haría mil veces por ustedes… No quiero terminar sin enviar un recuerdo cariñoso y fraternal a nuestros hermanos del interior, que se mueven y palpitan al unísono con nuestros corazones en todas las extensiones de la patria. A ellos, que representan el dolor de la tierra, vaya nuestro cariño, nuestro recuerdo y nuestra promesa de que en el futuro hemos de trabajar a sol y a sombra para que sean menos desgraciados y puedan disfrutar mejor de la vida.
Y ahora, como siempre, de vuestro secretario de Trabajo y Previsión, que fue y seguirá luchando al lado vuestro por ver coronada la obra que es la ambición de mi vida, la expresión de mi anhelo de que todos los trabajadores sean un poquito más felices.
(“¿Dónde estuvo? ¿Dónde estuvo?”)
Señores: ante tanta insistencia, les pido que no me pregunten ni me recuerden cuestiones que yo ya he olvidado. Porque los hombres que no son capaces de olvidar, no merecen ser queridos ni respetados por sus semejantes. Y yo aspiro a ser querido por ustedes y no quiero empañar este acto con ningún mal recuerdo.
Ha llegado el momento del consejo. Trabajadores: únanse; sean más hermanos que nunca. Sobre la hermandad de los que trabajan ha de levantarse en esta hermosa tierra la unidad de todos los argentinos. Diariamente iremos incorporando a esta enorme masa en movimiento a todos los díscolos y descontentos, para que, junto con nosotros, se confundan en esta masa hermosa y patriota que constituyen ustedes.
Pido, también, a todos los trabajadores que reciban con cariño mi inmenso agradecimiento por las preocupaciones que han tenido por este humilde hombre que les habla. Por eso, les dije hace un momento que los abrazaba como abrazaría a mi madre, porque ustedes han tenido por mí los mismos pensamientos y los mismos dolores que mi pobre vieja habrá sufrido estos días. Confiemos en que los días que vengan sean de paz y de construcción
para el país. Mantengan la tranquilidad con que siempre han esperado aún las mejoras que nunca llegaban. Tengamos fe en el porvenir y en que las nuevas autoridades han de encaminar la nave del Estado hacia los destinos que aspiramos todos nosotros, simples ciudadanos a su servicio. Sé que se han anunciado movimientos obreros. En este momento ya no existe ninguna causa para ello. Por eso les pido, como un hermano mayor, que
retornen tranquilos a su trabajo. Y por esta única vez, ya que nunca lo pude decir como secretario de Trabajo y Previsión, les pido que realicen el día de paro festejando la gloria de esta reunión de hombres de bien y de trabajo, que son la esperanza más pura y más cara de la patria.
(“¡Mañana es San Perón! ¡Mañana es San Perón!”)
He dejado deliberadamente para lo último, el recomendarles que al abandonar esta magnífica asamblea, lo hagan con mucho cuidado. Recuerden que ustedes, obreros, tienen el deber de proteger aquí y en la vida a las numerosas mujeres obreras que aquí están. Finalmente, les pido que tengan presente que necesito un descanso, que me tomaré en Chubut, para reponer fuerzas y volver a luchar codo con codo con ustedes, hasta
quedar exhausto, si es preciso.
Y ahora, para compensar los días de sufrimiento que he vivido, yo quiero pedirles que se queden en esta plaza, quince minutos más, para llevar en mi retina el espectáculo grandioso que ofrece el pueblo desde aquí.
(*) http://archivohistorico.educ.ar
Fuente: Norberto Galasso, Perón, vol.1. Buenos Aires, Colihue, 2005
LAS VEINTE VERDADES PERONISTAS
Leídas por el Gral. Perón desde el Balcón de la Casa Rosada al pueblo reunido en la Plaza de Mayo el 17 de octubre de 1950.
1º) La verdadera democracia es aquella donde el gobierno hace lo que el pueblo quiere y defiende un solo interés: el del pueblo.
2º) El peronismo es esencialmente popular. Todo circulo político es antipopular y, por lo tanto, no peronista.
3º) El peronista trabaja para el MOVIMIENTO. El que en su nombre sirve a un circulo, o a un caudillo; lo es sólo de nombre.
4º) No existe para el peronismo más que una sola clase de hombres: los que trabajan.
5º) En la NUEVA ARGENTINA el trabajo es un derecho, y es un deber, porque es justo que cada uno produzca por lo menos lo que consume.
6º) Para un peronista no puede haber nada mejor que otro peronista.
7º) Ningún peronista debe sentirse más de lo que es ni menos de lo que debe ser. Cuando un peronista comienza a sentirse más de lo que es, empieza a convertirse en oligarca.
8º) En la acción política la escala de valores de todo peronista es la siguiente: Primero la Patria, después el Movimiento y luego los hombres.
9º) La política no es para nosotros un fin, sino solo el medio para el bien de la Patria, que es la felicidad de sus hijos y la grandeza nacional.
10º) Los dos brazos del peronismo son la justicia social y la ayuda social. Con ellos damos al pueblo un abrazo de justicia y amor.
11º) El peronismo anhela la unidad nacional y no la lucha. Desea héroes pero no mártires.
12º) En la NUEVA ARGENTINA los únicos privilegiados son los niños.
13º) Un gobierno sin doctrina es un cuerpo sin alma. Por eso el peronismo tiene una doctrina política, económica y social: el Justicialismo.
14º) El Justicialismo es una nueva filosofía de la vida, simple práctica, popular, profundamente cristiana y profundamente humanista.
15º) Como doctrina política, el Justicialismo realiza el equilibrio del derecho del individuo con el de la comunidad.
16º) Como doctrina económica, el Justicialismo realiza la economía social, poniendo el capital al servicio de la economía y ‚ésta al servicio del bienestar social.
17º) Como doctrina social el Justicialismo realiza la justicia social, que da a cada persona su derecho en función social.
18º) Queremos una Argentina socialmente Justa, económicamente Libre y políticamente Soberana.
19º) Constituimos un gobierno centralizado, un estado organizado y un pueblo libre.
20º) En esta tierra lo mejor que tenemos es el pueblo.
“NO HAY NUEVOS ROTULOS QUE CALIFIQUEN A NUESTRA DOCTRINA NI A NUESTRA IDEOLOGÍA, SOMOS LO QUE LAS VEINTE VERDADES PERONISTAS DICEN”
Fuente: www.elhistoriador.com.ar
https://www.elhistoriador.com.ar/movimiento-peronista-consejo-superior-las-20-verdades-peronistas/
Acta de Compromiso Nacional firmada entre el Poder Ejecutivo Nacional, la CGT y la CGE, 30 de mayo de 1973 (Fragmento:Introducción) (*)


(*) Fuente: Política Económica y Social: Ruptura de la Dependencia. Unidad y Reconstrucción Nacional para la Liberación, Presidencia de la Nación, Secretaría de Prensa y Difusión, República Argentina, 1973
Mensaje del Señor Ministro de Hacienda y Finanzas Don José Ber Gelbard, con motivo de celebrarse la 2ª. Reunión de Gobernadores del Gobierno del Pueblo, el 31 de Julio de 1973. (Fragmento: Introducción) (*)


(*) Fuente: Política Económica y Social: Ruptura de la Dependencia. Unidad y Reconstrucción Nacional con Justicia Social para la Liberación. Presidencia de la Nación, Secretaría de Prensa y Difusión, República Argentina, 1973.

Revista “Mundo Peronista” N°1 – 15 Julio de 1951

Revista “Mundo Peronista” N° 92-93 – 1 Septiembre de 1955 (último número)
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